domingo, mayo 06, 2007

EL PEDAZO DE CARTÓN

Cuando era muy pequeño mis padres compraron un libro de Lectura de la Editorial Santillana. El libro tenía por título “Senda 1, libro de lectura”. Y estaba creado para la enseñanza de la educación primaria. Tenía una estructura muy divertida, era toda una gran historia divida en 75 relatos. Lo peculiar era que podías leer cada título sin la necesidad de leer el anterior y no por eso dejabas de entenderlo.
El libro era excepcional, todos en la casa lo leíamos, los personajes eran tiernos y curiosos. Además la diagramación de los relatos eran bastante original, muy distinto a las figuras que hasta entonces habíamos visto en los otros libros de lectura. A pesar que el personaje que daba inicio a la historia era un tal Toni, su amigo Moncho, fue el que más popularidad tuvo en cada uno de nosotros. Tanto así que el libro se hizo conocido en la familia con el particular nombre de este personaje. Así, “El Moncho”. Solía pasar de una mano a otra.
Recuerdo que ese fue el primer libro que verdaderamente me hizo trasladar hacia ese universo conocido como fantasía. Con historias tan divertidas como las del “sueño de Moncho”, “Una extraña visita”, “La niña marciana”, y “El viaje a Marte”. Sin embargo, como suele suceder con los libros de la infancia, le perdí el rastro hasta que meses atrás mi hermano lo desempolvó no sé de donde y logré apoderarme de nuevo de aquel librito, que los años le habían hecho pasar la factura acostumbrada; pero que aún era útil sobre todo para lo que mi cerebro elucubraba en ese entonces. Como animador y promotor de lectura infantil, no podía desperdiciar un material que había formado parte de mi proceso lector.
La oportunidad llegó un día de febrero que mi fiel compañera y yo nos hallábamos en los preparativos de las sesiones del taller de animación a la lectura para niños. El objetivo era animar a leer desde otras formas de expresión escrita. El instructivo, fue el tipo de texto escogido para la sesión. Tenían que lograr confeccionar un sombrero de samurai de papelote, leyendo tan sólo las instrucciones del libro. Quizá no haya sido una tarea sencilla pero el reto estaba planteado. Sólo faltaba crear una historia que representada, hiciera comprender a los niños la importancia y utilidad de este tipo de textos.
Buscábamos un relato sencillo y luego de barajar varias posibilidades me acordé que “el Moncho” tenía una historia que nos podía ser de mucha utilidad, un relato cuyo nombre, en esos momentos, no lograba recordar. Ubicamos el libro y luego de revisarlo decidimos que el primer relato era genial. Tan sólo teníamos que hacerle unas adaptaciones y luego llevarlas a escena con un pequeño guión. El título de aquella historia era “el pedazo de Cartón”. Trataba de un cartón que deseaba ser una hermosa cometa y que después de varios intentos fallidos lograba su objetivo a manos de un pequeño niño, quien con la ayuda de un libro de instrucciones, que encontró en su biblioteca, tuvo las herramientas necesarias para hacerlo. Este último detalle fue un añadido nuestro. Había que resaltar la importancia del libro y la lectura en esta historia.
Las horas volaron y la sesión se realizó con mucho éxito. Mi fiel compañera apareció ante los niños disfrazada de cartón y mientras interactuaba con los niños yo me multiplicaba haciendo los otros personajes de la historia. Un doctor, un frutero y un samurai ingresaron a escena. Hasta quedarme representando al niño que transformaría al cartón en una hermosa cometa.
La representación causó impacto y la importancia de los libros de instrucción quedó tan clara que acabada la escena todos los niños se peleaban por tener el libro de instrucciones en sus manos. No faltó uno que al final de la sesión agarraba el libro y le exigía a su madre, que viniendo a recogerlo, le comprara un ejemplar similar al que se había utilizado en el taller.
Aquel día los 15 niños del taller lograron construir un bonito sombrero de samurai en base a la lectura de las instrucciones. Algunos tuvieron un proceso más lento que otros; pero para eso estábamos nosotros en el acompañamiento. Terminado lo más importante cada uno procedió a decorarlo como mejor pudo poniendo en práctica toda su creatividad. Se les proveía de goma, tijeras, y retazos de diferentes tipos de materiales. El resultado fue digno de una sesión de fotografía. Sin lugar a dudas fue una de las sesiones más logradas de todo el taller.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ojala nos puedes enseñar los pasos para hacer una reunion con niños para enseñarles acerca del valor de los libros.

Espero tu respuesta.

Silvia dijo...

Hola Issac, estoy en shock, ese libro del que hablas lo estoy buscando hace mas de 20 años, ese libro "el pedazo de carton" marco mi niñez, lo leia y lo leia una y otra vez, por una mudanza mi hermana lo regalo y desde entonces me vez buscandolo por todos lados y nadie me lo puede consegir, LO NECESITO!!! justo la semana pasada me fui al centro de Lima y nadie me dio razon, por favor no te imaginas lo que significa ese libro para mi, es mi VIDA, por favor contactate conmigo si? silviaperazzo@yahoo.es te lo agradecere en el alma.

Silvia

pd, no te demores!!!